viernes, 1 de febrero de 2013

Macondo fue superado por el postcolonialismo en los '90


"El resplandor" y unas vacaciones en Los Penitentes

por Jorge Monzon

Cuando hace unos días disfruté por enésima vez de "El resplandor" de Kubrick , recordé, no sin nostalgia, que alguna vez estuve yo a un paso de padecer el sindrome que terminó congelando a Jack Nicholson en la inolvidable película. Suena raro, pero así fue.

Hace unos cuantos años, cuando la ficción del 1 a 1 nos ficcionaba también al medio pelo, y en coincidencia con una personal época de vacas gordas ( y sí...algunas hubieron...cíclotímicas pero hubieron...), surgió la idea familiar de incursionar en el difícil arte del esquí. Como no dábamos el target para "Las leñas", esas vacaciones de invierno, el destino consensuado fue "Los Penitentes", un casi villorrio, pomposamente denominado "Centro Invernal", de explosión turística en esa época.Con el movilizador entusiasmo de mis hijos, partimos hacia Mendoza. Las promociones turísticas, las fotos y las referencias ( aún no existía Google ni nada parecido...) convertían a nuestro destino en una especie de "Reino Blanco", "Emporio de la Nieve", un "Aspen" argentino... O sea que de ahí a toparnos con el Yeti, como fauna propia del lugar, había sólo un paso ( gigante por supuesto...tratándose del Yeti...).Ahora que lo pienso, ya casi al final del viaje debería haberme preocupado no necesitar usar las cadenas para las ruedas del auto, sin las cuales, según los entendidos, no podríamos transitar por esos caminos cercanos al "continente blanco"...Pero bueno, ya es tarde para preocuparme...Y así, finalmente, hicimos nuestra entrada triunfal en Los Penitentes...Admito que no nos cruzamos con mucha gente en esa entrada triunfal, pero cuando el conserje del hotel nos aseguró que "la gente" estaba esquiando justo en esos momentos, nos quedamos tranquilos. Para confirmar nuestro entusiasmo sobre el futuro, el lobby del hotel lucía con orgullo varias fotos del edificio con sus paredes externas casi tapadas por la nieve, que a simple vista se había acumulado por varios metros. Antes de nuestra pregunta se nos aclaró rápidamente que tal desmesura nevada se había producido el año anterior, en el que,precisamente, se había batido el récord en tal sentido. Recién en ese momento ( la montaña me produce efecto retardado...) recapacité que nada de ese despropósito de nieve habíamos visto al llegar al hotel ni en los alrededores. Ni records de nieve, ni metros de nieve, ni nieve...Eso encendió el alerta, mágicamente desactivado por la decidida intervención del conserje que nos pronosticó y prometió una profusa y contundente nevada para esa misma noche, que no iba a batir ningún récord, pero sí pondría las cosas en su lugar ( y la nieve en su sitio...las pistas de esquí...).Esperanzados y crédulos a la fuerza, esa noche nos fuimos a dormir aguardando la maravillosa y proverbial nevada que se abatiría y sepultaría nuestra preocupación inicial...No puedo recordar pero presumo que fueron los chicos los primeros que, al abrir las ventanas, se desilusionaron, contagiándo de inmediato a sus padres su decepción.No sólo no había vestigio alguno de nevada, sino que un sol brillante y potente en el cielo más azul que hayamos visto nunca, disipaba dudas, refutaba pronósticos y, lo que era peor, descongelaba montañas, derretía nieves, cerraba pistas y espantaba ilusiones...Por una necesidad de optimista supervivencia, nos convencimos que la "gran nevada" sólo se habría demorado y que el día siguiente sería el del desquite. Y así fue...la mañana siguiente el sol brillaba más fuerte que nunca y seguía su arrasadora labor "antinieve"...Y así el día posterior, y el otro...y el siguiente.Cada mañana las montañas lucían más soleadas y marrones, las pistas más solitarias, las aerosillas más inmóviles y nosotros más quemados( en el más amplio sentido de la palabra...) por el sol mendocino.Para agravar nuestra insólita situación, con el paso de los días el hotel se fue despoblando de a poco y nos fuimos quedando solos, a tal punto que la cocina ya trabajaba casi exclusivamente para nosotros. Comprenderán la difícil y menuda tarea que era entretener los días y las noches de tres chicos en un centro invernal casi desolado y en un hotel de montaña donde ya escuchábamos los ecos de nuestras voces...Y el lugar, ya casi animado, también se empeñó en mostrarnos su disgusto y falta absoluta de hospitalidad, a tal punto que, por fenómenos naturales o físicos, cada vez que intentábamos abrir una puerta, un sutil cosquilleo eléctrico nos enemistaba un poco más con Los Penitentes.Y así como ocurrió hace unos días, habrá sido a esta altura de los hechos que las imágenes de "El Resplandor" vinieron a mi mente. Supongo que ese recuerdo, la imagen de un empleado del hotel cortando troncos con un hacha y el hecho de haber yo gastado ya parvas de servilletas de papel del comedor, escribiendo en ellas miles de veces, repetida, reiterada, obsesiva e incansablemente, los mismos versos ( "setenta balcones hay en este hotel, setenta balcones y ni un cachito de nieve..."), me habrá finalmente convencido que había que cortar por lo sano ( pero no con un hacha precisamente...).Así las cosas, y con los pocos negocios aún abiertos del lugar cerrando hasta nuevo aviso, llegó la hora de tomar decisiones.Y sin mucho discutir, todos de acuerdo, a pesar de que aún restaban algunos días de hospedaje, hicimos rápidamente las valijas ( creo que nunca tan rápidamente...) y abandonamos un mediodía, esa suerte de pueblo fantasma en el que la naturaleza, muy a nuestro pesar, nos había puesto en penitencia en Los Penitentes...Ya de nuevo en la ruta, desandando camino, mientras evaluábamos con mis hijos la posibilidad de darle derecho hasta el Glaciar Perito Moreno para llegar, por las dudas, antes que se derritiera ( uno nunca sabe... ), como una mueca cruel del destino, volvía a sonar el cassette del viaje de ida, y Jaime Roos se empeñaba en decirme un piropo y me susurraba casi al oído..." Lo más blanco que hay es la primera vez que vi nieve...lara, lara, lara..."...

No hay comentarios:

Publicar un comentario